lunes, 29 de abril de 2013

Hallazgos: Obra itinerante de René Villalobos.

Magnánima celebración de la existencia, presumible registro de la grandeza de una civilización. Mensajes para el cielo, para el tiempo, para el delirio andante de la imaginación humana. Todo al mismo tiempo, en una intriga espeluznante, ha representado para nosotros la cultura Olmeca. Las enormes cabezas de los que parecen guerreros retando a los dioses; mirándoles de frente, retando su propia trascendencia, diciéndoles con esa física de molicie de piedra “Nosotros seguimos aquí, mientras ustedes se han marchado para siempre, mientras los dioses habrán de ser finitos y los humanos (conscientes del orfanato cósmico), hemos llegado para permanecer en el caos".
Algunos académicos de la historia y la lengua iberoamericana; aseguran que el peyorativo sustantivo de Indios, con que el español denominaba al habitante americano, no era en realidad una continuación del error geográfico consistente en la adjudicación territorial otorgada al nuevo continente, del que se suponía y mal: se trataba de la India. En realidad (dicen), era una forma despectiva de la devaluación verbal al aborigen, por su circunstancia desgraciada de carecer de dios Indios/Sindios.
7500 años antes, los Olmecas eran ya conscientes de ese orfanato; de ese que en su momento fue utilizado por los enviados de Isabel La Católica para devaluar la existencia de los descendientes de aquellos visionarios.
500 años después, el continente Europeo, se resquebraja por una inminente aceptación de su orfandad con respecto a lo que, en su momento los llevó a someter y esclavizar pueblos de alta nobleza, en el nombre de su dios (hoy muerto).
Bajo esta reflexión del hombre y sus relaciones con el azar y la divinidad, se suscribe de forma interesante, irónica, valiente; la obra de “Hallazgos” de René Villalobos. Una celebración de aquella orfandad consciente de los Olmecas, donde la inmortalidad, la vida, el placer, el arte; corresponden y pertenecen al hombre. Nos percatamos de dichos hallazgos, a partir de que nos vemos en un espejo vivo. Las cabezas Olmecas acuden (siemprevivas) a la estética del pincel del pintor, se hacen maquillar a la última moda pop, se sacan brillo en los labios y ojos y bailan insolentes (como ha sido, es y será siempre el hombre) un poco de jazz.
Acuden a exhibirse, a reflejarnos en sus ojos en cada exposición itinerante de esta serie, bajo la cual, el pincel magistral de René Villalobos, nos presenta cada hallazgo, en cada exposición, bajo un nuevo maquillaje exuberante y renovado.