martes, 31 de agosto de 2010

La Sirena Rana


Había una vez una sirena cuyas piernas eran largas, largas. Así nació y su madre sirena, la consideró un fenómeno de la naturaleza, fue a una cadena de televisión y pidió que realizaran una colecta denominada siretón, destinada a toda clase de rarezas marinas, así lo hicieron y fue todo un éxito, pronto, la sirena-rana, obtuvo para sus patas, un par de ruedas también gigantescas, que además tenían un motor que la hacían surcar el océano a alturas insospechadas. Su madre siempre le decía que no se elevara tanto, pero como estaba muy ocupada en su asociación filantrópica, no podía vigilarla todo el tiempo, así que la sirena-rana-ícara, aceleró una vez y otra vez y otra vez y salió disparada como un proyectil acuático, dejando perplejos a su paso a dos tiburones y tres delfines que disputaban un cardumen de peces. Su salida fue tan enérgica, que debajo de ella, se formaba un punto azul distante, un planeta en el que creía vivir y que ahora le quedaba tan lejano. Sintió vértigo y no sabía cómo diablos hacer para detener la imparable marcha de las ruedas aceleradas. Hasta que recordó sus inmensas piernas y con una de ellas, opuso resistencia al cielo que se empeñaba en hacerla presa de una aceleración infinita. Dicho abrupto cese de velocidad, trajo como consecuencia que la fuerza de gravedad terrestre, la atrajera de nuevo, caía a velocidad extrema. A su ingreso a la atmósfera, las llantas motorizadas se desintegraron sin remedio, ella, pudo abrir las partículas de la estratosfera sin quemarse, gracias a sus larguísimas piernas pero, para su desgracia, debajo de ella, en el punto de recepción terrestre, había eso, sólo eso, nunca más agua, sólo tierra. Así que, con sus larguísimas piernas, pudo realizar un efecto de resorteo sorprendente y entonces, entre estupefacta y feliz, fue asimilando la magia de sus piernas, luego se percató de que además, podía respirar oxígeno, aire...qué extraño, pensaba. Mientras daba saltos altos y respiraba, quedó tan satisfecha del descubrimiento de sí misma, que no quiso volver nunca más al agua y hoy, en festejo de sus pulmones respiradores, hace lo que nadie puede hacer en el mar: fuma incansablemente, fuma en festejo de pulmones. Otras veces, en añoro de branquias: bebe vodka al interior de un cine porno.

1 comentario:

  1. Bien por la sirena.

    Fíjate que leyendo la historia, por un momento pensé que las cosas no iban a terminar nada bien para ella, porque tener unas piernas tan largas a veces es un incordio (supongo), pero está claro que era una sirena con recursos y que los sabía aprovechar.

    Buenísimo! El final me ha gustado mucho, me encantan los cuentos que terminan bien.

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